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El proceso del duelo posee cuatro características

La pérdida de un ser querido es uno de los eventos más estresantes que deberá afrontar una persona en algún momento de su vida.

La pérdida de un ser querido es una experiencia universal que todo ser humano sufrirá una o más veces en su vida, a esto llamamos Duelo. A pesar de ser universal, cada duelo es absolutamente individual… no hay un modo único de experimentarlo, así como tampoco habrá una fecha exacta de finalización. Los sentimientos, pensamientos, reacciones y desafíos vinculados a esta ausencia serán absolutamente personales como lo son también las herramientas individuales que tiene cada doliente y el vínculo que lo unía a la persona fallecida.

Si buscamos en el diccionario la palabra “Duelo” encontraremos esta definición: “dolor, lástima, aflicción o sentimiento” o más ampliamente como: “demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien”. Desde la Psicología, se considera una reacción emocional normal que experimenta una persona tras la pérdida de un ser querido o de un objeto significativo. Sin embargo, no se trata de una tarea para nada fácil en una sociedad que exige lo mejor de nosotros y que no sabe qué hacer frente al dolor.

El proceso de duelo es un camino difícil de atravesar. Sin embargo, es un proceso vital que todos necesitamos elaborar tras una pérdida significativa para así reconstruir un mundo que quizás se haya hecho pedazos tras esta ausencia.

En este camino de gran compromiso físico y emocional, el doliente atravesará una multiplicidad de sentimientos… puedes sentirte sorprendido, ansioso, triste, temeroso, enojado, entumecido e inclusive aliviado después de esta pérdida. Es posible que tengas problemas para dormir, se te cierre el apetito o que no tengas la concentración suficiente para cumplir con tus responsabilidades domésticas y/o laborales. Cada uno construirá su propio viaje de sanación, en su propio tiempo y en su propio camino. Este proceso también requiere poder afrontar los cambios que produce en nuestra vida: reorganización de la escala de valores, reinvención de la relación con la persona fallecida, creación de nuevos proyectos, etc.

En este sentido, Sigmund Freud en su escrito “Duelo y Melancolía” asegura que el proceso de duelo posee 4 características:

un estado de ánimo de intenso dolor, una pérdida de la capacidad de amar, una pérdida del interés respecto al mundo exterior y una inhibición de las funciones psíquicas.

También afirma que ante la ausencia del objeto amado se demanda que la libido abandone sus relaciones con el mismo. Sin embargo, surge una resistencia natural a cualquier tipo de abandono. Es posible que en algunas ocasiones esta resistencia sea tan intensa que el doliente intente huir de la realidad, pero usualmente la realidad de la pérdida termina imponiéndose llevándonos poco a poco a la resolución de este duelo, es decir, a la sana reinversión de esta libido en otro objeto. Por lo tanto, el doliente requiere de tiempo y un gran compromiso físico y emocional para recuperar la libido depositada sobre quien ha fallecido.

Fuente: Manejo del duelo

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